Las herramientas de Fonemo Labs tienen el sencillo (y a la vez titánico) objetivo de acercar la fonética a todo el mundo con un trasfondo muy claro: divertirse. De forma lúdica, práctica y sobre todo interactiva, el usuario interesado puede encontrar aquí un mar de herramientas que harán de la fonética del español una disciplina muy clara.
No solo curiosos y estudiosos de la lengua podrán encontrar aquí un punto de encuentro. También, y quizá de forma especial, todos aquellos interesados en el mundo del español como lengua extranjera encontrarán su sitio. Tanto docentes como alumnos coincidirán en que las herramientas que presentamos en estos Fonemo Labs resultan especialmente agradecidas dentro del aula o como refuerzo externo al estudio de la lengua española.
El alfabeto ortográfico, el que usamos para escribir todos los días y con el que están escritas estas palabras, no sirve para representar fielmente los sonidos que pronunciamos. Lo que entendemos por “letra” (lo escrito) puede dar lugar a distintos “sonidos” (lo pronunciado) según su contexto. Por ejemplo, la letra b se pronunciará de una forma al principio de una palabra pero se pronunciará de otra si va entre vocales. Para representar todos estos sonidos se crearon los alfabetos fonéticos, que pretenden dar cuenta gráfica de todas las posibles manifestaciones sonoras del habla.
El transcriptor del Molino sigue las reglas ya descritas por los grandes lingüistas y añade algunas particularidades que nos han parecido interesantes. Usa un sistema de reglas que permiten modificar, ampliar o perfilar las transformaciones de forma muy precisa, y está preparado para presentar los resultados en AFI y SAMPA, los principales alfabetos fonéticos.
Lo primordial en un alfabeto fonético es que exista una correlación unívoca entre cada símbolo y el sonido que representa, es decir, que no haya dos símbolos para un mismo sonido (como en español las letras z y c antes de e o de i), que no haya ningún símbolo que pueda corresponder a dos sonidos (como la letra g en español), que no existan símbolos sin valor fonético (como la h al principio de palabra en español) ni símbolos que equivalgan a dos sonidos (como la letra x en español). Todo esto se tiene que evitar, y con eso, tendremos un alfabeto fonético. Pero no hay un solo alfabeto fonético.
Según lo que queramos hacer con el alfabeto fonético usaremos uno u otro. El más extendido es el AFI (Alfabeto Fonético Internacional), que se comprende en todo el mundo. Pero para hablar con los ordenadores hay que usar otro alfabeto: SAMPA, un código que emplea símbolos ASCII para representar los símbolos que hay en AFI. Suena complejo… pero no lo es tanto. Se trata simplemente de asignar un símbolo gráfico a cada uno de los sonidos que el ser humano es capaz de pronunciar y que tienen valor distintivo en cualquier lengua. La forma de representarlos depende del destinatario de nuestro mensaje.
Los dos que hemos mencionado son los más extendidos mundialmente, pero en España existe otro alfabeto fonético propio: el de la Revista de Filología Española. Es un alfabeto en desuso por su tremenda restricción: SOLO sirve para el español, así que como mecanismo de comunicación y de estudio sirve poco. Hemos decidido no dar soporte a este alfabeto y centrarnos en aquellos alfabetos que realmente presenten una universalidad útil para los estudiosos.
Poco a poco, el transcriptor irá adquiriendo nuevas funcionalidades y será capaz de transcribir números, abreviaturas, siglas, pausas... En definitiva, podrá transcribir a la lengua escrita todo lo que a la lengua oral atañe.
Cuando hablamos, los sonidos no se pronuncian de forma individual. De hecho, en fonética ni siquiera existe el concepto de “palabra”, ya que cuando hablamos no hacemos espacios ni separaciones entre palabras de una misma frase (aunque sí hacemos las pausas oportunas en comas, puntos y demás signos de puntuación). De este modo, los sonidos se agrupan formando pequeños bloques de pronunciación. Además, alguno de estos grupos destaca de entre los demás por una serie de características que lo hacen especial: la sílaba tónica.
Las reglas que sigue el silabeador fonético hacen posible silabear cualquier palabra o frase que se ajuste al sistema ortográfico del español. Teniendo en cuenta algunos datos como la acentuación ortográfica o la resilabificación en grupos de palabras, es incluso capaz de identificar todas las sílabas tónicas que aparezcan en la secuencia introducida.
Aunque algunas reglas no están del todo bien definidas en el sistema fonético del español, hemos intentado reflejar en este silabeador aquellas que despiertan mayor consenso. No obstante, la sílaba fonética sigue aún representando un misterio que intentaremos ir desentrañando poco a poco.